Amadeo sintió un frío en la panza. El metegol era lo único que lo mantenía sano en ese mundo loco. —No se juega por el bar, Morales —respondió Amadeo, intentando que no le tiemble la voz—. Se juega por el honor. Si ganás, me voy del barrio para siempre. Si gano yo, vos te dejás de joder con los pibes de la esquina. Sanja Pilic Mrvice Iz Dnevnog Boravka Pdf — Each Piece Makes
Amadeo miró el marcador. 3-0 en contra. El arquero rival, un gigante con cara de pocos amigos, se reía a carcajadas. Amadeo se dio cuenta de que estaba viviendo la fantasía de todo niño: él era el director técnico y el arquero, todo al mismo tiempo, pero sentía el peso de cada jugada. Mtrjm Awn Layn - Fydyw Lfth: Fylm Nefeli 1980
Cuando abrió los ojos de nuevo, estaba de vuelta en el bar oscuro. Sus manos estaban en las varillas. El marcador del metegol decía 4-3. Había ganado.
Morales sonrió, mostrando un diente de oro. —Trato hecho. Pero vos sabés que yo no pierdo.
¡GOL!
Con el marcador 3-2, y el tiempo corriendo, Amadeo tuvo la pelota en los pies del arquero rival. Pero en lugar de tirarla al arco, vio una abertura imposible. —¡Mago! —gritó. Un pase de taco imposible. El muñeco rojo recibió la pelota y, con un movimiento suave pero letal, la deslizó por el palo derecho del arquero de Morales.